
Cualquier persona en nuestra cultura, sea culto
o inculto, rico o pobre, astuto o inocente, pervertido o moral, es esclavo de
su ignorancia, algo que ni él mismo sabe.
Uno puede estar muy a gusto en su posición
social y cultural pero no tiene ni remota idea de lo estúpida que puede ser su
vida y no es que uno quiera menospreciar la condición humana sino que es
necesario denunciar como un hecho que estamos sumidos en lo que creemos saber,
en lo que vemos o sentimos, como si ello fuera verdad, cuando en realidad no
vemos más allá de nuestras narices y casi todo lo que percibimos es producto de
influencias externas o internas y de una profunda manipulación psicológica.
Podemos ver colores en el aire, cuerpos
astrales, energías que se muestran como sensaciones para comunicarnos el estado
de las personas, podemos ver y oír a dios decirnos lo que debemos hacer,
podemos sentir esa energía que recorre nuestra columna vertebral hasta
despertar la kundalini, y nadie podrá negar que eso es cierto. Sin embargo
tampoco deja de ser cierto que todo ello es una proyección del deseo de nuestra
propia mente.
Los seres humanos desde siempre hemos deseado
tener el control de nuestras vidas, poder manipular la naturaleza a nuestro
antojo, llegar a ser dioses, ayudar a los demás a estar sanos o ser libres, y
pocas veces nos hemos abandonado a lo que somos y hemos sentido desaparecer
nuestra identidad hasta encontrarnos con la verdadera naturaleza de las cosas.
Podemos tomar pellote, coca, ayahuasca, belladona,
LSD, hongos y flores alucinógenas, y sentir que podemos viajar más allá de los
confines de nuestro entendimiento sin darnos cuenta que todo es una ilusión creada
por nuestra mente.

También podemos adquirir conocimientos y seguir
desarrollando máquinas y herramientas capaces de conseguir alargarnos la vida,
hacer más cómoda y fácil nuestra existencia, y sin embargo nada de ello
impedirá nuestra ignorancia, porque en el fondo la ignorancia acaba nutriéndose
del propio conocimiento.
Cualquier persona es libre de plantearse su
libertad, de mirarse al espejo de la sociedad y darse cuenta que es un esclavo
de ideas ajenas que le obligan a perseguir deseos absurdos como la felicidad y
cuyas consecuencias no le permite disfrutar de la vida y le ocasiona un sinfín
de problemas.
La ignorancia surge con el conocimiento que
adquirimos, con la experiencia, y nos deja una impresión de creernos
conocedores de la realidad que vivimos.
No hace mucho tiempo que estuve en una reunión de
personas donde todas ellas asumían ver y sentir determinadas energías. Nadie, a
excepción de mi, cuestionaba lo que allí se mostraba como una realidad palpable
y era tal la presión que se ejercían unos a otros que no había lugar para
dudar.
Cuando admitimos el engaño, la sugestión, como
un hecho que percibimos creamos una realidad personal sin ninguna base ni
firmeza y acabamos siendo seres inestables, con mentes frágiles e inservibles,
que mantienen relaciones neuróticas.
A partir de lo que creemos saber vamos
construyendo una realidad personal que está en continúa confrontación con la
realidad objetiva.
Uno de los principios de la ignorancia es que lo
que vemos o lo que sentimos respecto de lo que vemos es real, cuando en
realidad es una idea, un deseo subjetivo, una mentira infantil que es imposible
sostener sino es a base de más y más mentiras.
Primero me creo una imagen de mi mismo, lo cual
es una idea o una mentira, y cuando esa imagen se adueña de mí, con mi
consentimiento, entonces ella misma comienza a construir mentira sobre mentira
tratando de demostrar que la imagen de mi mismo es real. Y esa imagen de mi
mismo se alimenta de experiencias, sentimientos, pensamientos, creencias,
opiniones, valores, pasiones y al final esa imagen acaba olvidando y
despreciando lo que realmente soy.
Y pensar que toda nuestra ignorancia comenzó por
sostener o afirmar una pequeña, simple e inocente mentira.
Únicamente con saber que somos ignorantes no va
a cambiar nada nuestra vida, pues toda idea no es más que parte de la propia
ignorancia que no atreviéndose a tratar con la realidad directamente lo hace a
través de ideas que refuerzan la propia subjetividad.
No basta con saber que somos ignorantes, es
necesario percibirlo, comprenderlo, ver hasta dónde y qué consecuencias
conlleva la ignorancia.
¿Por qué tiene tanta fuerza y continuidad la
ignorancia? ¿Por qué no se extingue la ignorancia si tenemos en cuenta que se
requiere de mucho esfuerzo y mentiras para sostener algo que en definitiva no
es real y que nunca llegara a serlo?

Dicha neurosis crea la dualidad, es decir un
mundo psicológico en continuo conflicto: soy y no soy, bueno y malo, cielo y
tierra, sombra y luz, vida y muerte…. Desde esa perspectiva la vida es una
dualidad en continua confrontación de la que yo mismo formo parte.
Partiendo de esa dualidad todo lo que percibo
tiene su opuesto y tiene su opuesto porque lo percibo desde mi propia imagen
que no es más que un opuesto de mi mismo y mientras no resuelva dicha imagen
nunca podre resolver la dualidad de la existencia.
Una persona que aún le quede algo de
sensibilidad no puede aceptar vivir en conflicto y tiene que descubrir cuál es
el origen del conflicto, la causa de las luchas, de las guerras y ver si es
posible vivir sin conflicto alguno, sentirse unido a la vida y en armonía con
ella.
Decir que la causa de mis problemas son los
demás es no querer ver los hechos, porque el conflicto empieza en uno mismo,
con nuestro propio pensamiento.
A casi nadie se le ocurriría cuestionar o dudar
de su propio pensamiento, de su manera de pensar, pero lo cierto es que si no
lo cuestionamos estamos abocados a vivir siempre en conflicto continuo, tanto
con los demás como con nosotros mismos.
No se trata de reprimir o controlar nuestro
pensamiento, sino de aprender y descubrir porque pensamos, cual es la
naturaleza de nuestro pensamiento, y si existe acaso un pensador o es que solo
hay pensamiento, de tal forma que el pensamiento ocupe únicamente el lugar que
le corresponde. ¿Puede el pensamiento observar su propia actividad?
A través del tiempo hemos construido mentiras
sobre mentiras, ilusiones sobre ilusiones, ideas sobre ideas y ahora ya no es
posible encontrar la realidad que hay delante del espejo, es ese espejo que son
los demás o que es la propia naturaleza.
Para comenzar hemos de aprender a ser honestos, aquello
que perdimos cuando decimos aceptar como válido aquello que no éramos capaces de
ver o de sentir por nosotros mismos. Ahora es tiempo de decir abiertamente que lo
que sostenemos como verdades absolutas no son más que falsedades.

Cuando dejamos toda autoridad recuperamos una
gran cantidad de energía para indagar y observar lo que sucede, permitiéndonos no
solo aprender sino salir de esta inmensa y profunda ignorancia que no nos permite
disfrutar y sentirnos unidos a la vida.
La ignorancia no es más que un autoengaño olvidado.