
Si en la vida hay un orden que no alcanzo a ver,
si todo en el fondo tiene un sentido, no cabe duda que de alguna forma la vida
me está diciendo que he de hacer algo al respecto, que no puedo quedarme
indiferente ante tanta confusión e ignorancia.
Llegar a tener una vida relativamente cómoda
donde apenas se requiere un mínimo esfuerzo por subsistir y donde se puede
disfrutar con sencillez y profundidad no es algo que encierre mucha dificultad,
basta con tener la cabeza un poco despejada, pero ello no es suficiente ni
completo sino soy capaz de dar una respuesta holística a toda esa problemática
existencial que todos los humanos compartimos.
Cada uno de nosotros tiene una responsabilidad
directa sobre lo que está sucediendo en la sociedad y en el mundo entero. No es
cuestión de sentirnos culpables o de juzgarnos de una forma u otra, lo cual es
bastante desacertado y no conduce a nada bueno, la cuestión es si somos sensibles
como para darnos cuenta que somos parte de lo que está sucediendo y que es responsabilidad
de todos intentar hacer algo al respecto que colabore con un mundo mejor, con
una nueva sociedad de individuos íntegros cuya cultura se base en el cultivo de
la bondad y en la belleza como expresión de la más alta y hermosa inteligencia.
Muchos de nosotros apadrinamos niños,
pertenecemos a organizaciones no gubernamentales, estamos suscritos a algún
grupo de ayuda internacional, ayudamos en el comedor social de nuestro barrio,
o hacemos un sinfín de actividades enfocadas a paliar problemas coyunturales,
pero nada de ello es una respuesta holística a toda la problemática humana.
Pensar que yo no pinto nada y que no puedo hacer
gran cosa ante tan inmenso problema no es más que una simple escusa sin ningún
fundamento, una manera de cerrar los ojos o de mirar hacia otro lado ante tanta
injusticia o una forma de taparse los oídos ante tanto sufrimiento, y además es
negar la posibilidad de poder descubrir lo que realmente tengo que hacer.
En este asunto, en el que yo me siento
responsable, no se trata de lo que pueden hacer o de lo que estén haciendo los
demás, porque lo que yo tengo que hacer es con independencia de lo que ellos
hagan o dejen de hacer. Como un ser humano corriente que soy, necesito saber que
puedo hacer que tenga realmente validez y que haga frente a la totalidad de los
problemas humanos.
Querer cambiar las cosas, o desear que las cosas
no sucedan, es algo que no soluciona nada y además ese deseo de querer cambiar
las cosas puede que sea el origen de los conflictos y las guerras. Si en lugar
de querer cambiar las cosas lo que hago es comprender porque suceden quizás las
cosas realmente cambien.
Los problemas se solucionan cuando se
comprenden, pero cuando mantenemos esa actitud de querer terminar con los problemas
lo que hacemos es empeorarlos, hacer que los problemas sean aún más y más
complejos, y en definitiva alargamos su existencia.
La historia de la humanidad está sembrada de
conflictos. Los conflictos han dado lugar a las guerras y a la explotación del hombre
sobre el hombre. A través de los conflictos se ha creado la propiedad privada y
con ella se han creado las fronteras y han surgido las naciones, se ha divido a
las personas en clases sociales, se han creado los buenos y los malos, los
pobres y los ricos, los cultos y los incultos, y lo que es más importante con
los conflictos han surgido los problemas (el hambre, el sufrimiento, la
injusticia, el temor, la inseguridad).

Toda la humanidad es esclava de un yo que nos
hace pensar de una forma irracional y nos hace sentir emociones de una manera
desproporcionada, un yo que por su propia naturaleza psicológica produce
conflictos y por lo tanto es la causa de todos los problemas.
La cultura no se plantea que el yo sea algo
común porque la cultura en la que nos encontramos rinde culto a la
personalidad, al conocimiento y al pasado, o lo que es lo mismo, la propia
cultura es una expresión del yo. Si viéramos con claridad, como un hecho, que solamente
hay un yo la cultura tal y como la entendemos dejaría de existir y quizás las personas
amarían al prójimo como así mismas.
¿Si la causa de todos los problemas humanos son
los conflictos y el origen de los conflictos es mi propio yo, qué puedo hacer
para colaborar con la humanidad en la creación de una nueva sociedad?
Suicidarse no sería una solución porque aunque yo muriese seguiría existiendo
el yo del resto de la humanidad.
Quizás la verdadera solución a nuestros
problemas está justamente en lo que uno puede hacer y no en lo que puedan hacer
los demás, no se trata de proyectar soluciones que den origen a grandes cambios
sociales sino de descubrir cuál es la verdadera causa del conflicto humano y
que en definitiva esta en uno mismo. Necesitamos mirar en nosotros y descubrir
la causa a todos nuestros problemas, encontrar que la solución al problema está
en uno mismo, entonces será cuando cambie la humanidad de rumbo.
El ser humano ha de encontrar una forma de vivir
que colabore con el resto de la humanidad en un movimiento de comprensión de
los conflictos. Es la comprensión, mirar las cosas que suceden desde esa actitud
de no saber, y observar los hechos lo que hará posible una sociedad diferente.
El problema de la humanidad está en uno mismo,
no está fuera de uno. Es nuestra manera de vivir la que está creando cada día
toda esa problemática en la que nos encontramos perdidos. Si observamos con
objetividad nuestra vida, y somos honestos, veremos que estamos llenos de
conflictos en nuestras relaciones y si ahondamos en la comprensión de los
mismos veremos que la naturaleza y el origen de esos conflictos es el mismo que
para los grandes conflictos humanos.
Si queremos hacer algo realmente por la
humanidad, si nos sentimos de alguna forma responsables por lo que está
sucediendo, hemos de darnos cuenta que la causa a todo conflicto está en la
propia mente de cada uno, una mente que ha sido condicionada por siglos a
pensar que es una mente individual.
Podemos poner nuestra esperanza en tal o cual
partido, en algún movimiento social, en alguna revolución de la clase que sea,
pero todo ello no sería más que repetir lo que ya hemos hecho multitud de veces
y que solo nos ha llevado a una mayor complejidad para poder entender el origen
de los problemas.
Las ideas no van a aportar ninguna solución a
nuestros problemas humanos y de hecho las ideas aunque parezcan nuevas no son
más que soluciones viejas cubiertas de palabras nuevas. No necesitamos conocimientos
nuevos para resolver viejos problemas.
Cualquier persona tiene la responsabilidad de
preguntarse sobre lo que puede hacer en esta situación en la que se encuentra
sumida la humanidad. Es responsabilidad de todos y cada uno de nosotros dar una
respuesta a tan inmenso problema y para ello necesitamos poner luz allá donde
hay oscuridad.
