El otro día hablando con una persona me
comunicaba que dos de los sentimientos que más condiciona al ser humano es la
búsqueda de ser aceptado, sentirse querido y valorado por los demás, y esa
necesidad de sentirse seguro, de buscar aquella situación de seguridad que
mejor responda a las circunstancias presentes.

Quizás ese propósito de ser apreciado nos viene
instintivamente por la necesidad que tuvimos de ser protegidos en ese proceso
de nuestro desarrollo biológico en el útero de nuestra madre y en el nacimiento
con la necesidad de ser amamantado, cuidado y protegido para poder desarrollarnos
de la mejor manera posible.
Está claro que esa búsqueda del sentimiento de
ser aceptado y esa búsqueda de seguridad no son más que dos aspectos de un
mismo sentimiento, ya que si no somos aceptados corremos el riesgo de ser
rechazados, despreciados e incluso podemos ser perseguidos y aniquilados.
En la educación que hemos recibido se nos ha
dicho una y mil veces que debemos ganarnos el pan de cada día, que debemos ser
buenas personas, que debemos hacer caso a nuestros mayores, porque de lo
contrario no nos van a querer y van a mostrarnos su rechazo o su indiferencia,
de la misma forma en el colegio si no hacíamos aquello que estaba estipulado
nos castigaban, nos pegaban, nos suspendían e incluso nos ponían en ridículo
delante de toda la clase e incluso ponían a nuestros padres en contra nuestra,
razón por la cual teníamos miedo a llevar las notas del profesor a casa ya que
sabíamos que el castigo podía ser aún mayor que haber tenido unas malas notas y
sentirse uno ridículo frente a los demás.
Por consiguiente por unas u otras razones hemos
aprendido muy bien y ahora lo llevamos escrito con sangre en nuestro cerebro,
que la aceptación y la seguridad son sentimientos muy importantes que hemos de
conseguir.
Lo curioso es que en realidad nos pasamos la
vida consiguiéndolo, es decir no basta con conseguirlo una vez sino que hay que
estar continuamente consiguiéndolo, lo cual se ha convertido en algo
completamente neurótico y enfermizo.
Por ejemplo, cuando un atleta consigue batir el
record del mundo recibe con ello la aceptación y valoración de millones de personas
en el mundo, pero si en la siguiente prueba no consigue batir ese record o
quedase en segunda posición, entonces se convierte en un ser depreciado lleno
de frustración y aunque las personas más allegadas le consuelen y alienten con
sus palabras, en el fondo no están más que reafirmando su desconsuelo para que
vuelva a intentar ganar, lo cual no deja de ser un círculo vicioso con poco sentido,
salvo el de ganar dinero.
A base de buscar la aceptación de los demás
puede que hayamos conseguido grandes metas pero en el fondo lo que hemos
conseguido ha sido nuestra infelicidad ocupando todo nuestro tiempo en
demostrar algo que no es ni siquiera necesario.
Es cierto que cuando somos engendrados
necesitamos de cuidados y atenciones para nuestro desarrollo pero algo que
tenemos que aprender en ese desarrollo es que hemos de aprender a querernos a
nosotros mismos, que hemos de darnos cuenta del valor absoluto de nuestra vida
con independencia de la opinión de los demás.
Psicológicamente no necesitamos la aceptación de
nadie salvo la de uno mismo. La aceptación y el aprecio son como una moneda de
cambio en una relación de interés, en la que no necesitamos participar. Al
igual que no necesitamos participar en el juicio o en la comparación de las
personas, no necesitamos buscar la aceptación de los demás para encontrar
nuestra seguridad.
¿Tú te aceptas tal cual eres? No importa si
tienes un ojo desviado, si eres muy bajito, si tienes el pecho caído o un grano
en la nariz, la cuestión es si tú te aceptas, si tú te quieres, si te aprecias
tal y como eres sin desear cambiar nada de ti mismo: físicamente, mentalmente o
emocionalmente.

No tiene importancia tener una determinada
apariencia, no tiene importancia tener más o menos capacidades o destrezas, no
tiene importancia que las circunstancias sean malas, regulares o buenas, lo
importante es que si te aceptas totalmente entonces la vida tiene un sentido
desde lo que eres, no desde lo que no eres, y de esa forma tienes en ti mismo
la puerta a la felicidad porque la felicidad no es más que tu propia aceptación
sincera, sin titubeos y de verdad.
Nadie puede ayudarte para que sientas tu propia
aceptación. No sirven consejos ni explicaciones, no vale de nada ir a terapia o
ponerse delante del espejo y decirse uno mil veces te acepto, lo primero es ser
consciente de que no te aceptas, que te desprecias, que cuando separas una
parte de tu cuerpo o de tu mente y dices que no la aceptas y buscas una solución
para taparla o para cambiarla, en realidad no te aceptas en absoluto pues cada
parte de ti eres tú totalmente. Dejando a un lado las operaciones que biológicamente
son necesarias, si te operas de alguna parte de tu cuerpo porque psicológicamente
no te aceptas, eso no solo no conseguirá que te aceptes sino que seguramente
empeoraras tu propia imagen y aún te costarás más aceptarte. Primero uno ha de
aceptarse plenamente y luego podrá con toda libertad y responsabilidad operarse
de lo que estime oportuno.
De igual modo cuando nos imponemos ejercicios,
cursos o actividades que tienen por objeto mejorar nuestra imagen u obtener
conocimientos que nos ayuden a mejorar nuestra forma de comunicarnos y
conseguir mejorar nuestras relaciones, de alguna forma partimos desde la no
aceptación y de esa forma todo lo que hacemos es un sacrificio, nos imponemos
una disciplina y un esfuerzo para conseguir mejorarnos, lo cual es bastante
desacertado pues la realidad es que somos inmejorables.
Hay cosas en la vida que solo las puede hacer
uno mismo, que deben hacerse solo, y una de ellas es aceptarse completamente y
profundamente tal y cual somos. Sin esa aceptación uno no es dueño de su vida
porque no ha aceptado el compromiso de vivirla según ha sido concebida y es
entonces cuando uno se entrega a todo tipo de ideas, identidades, creencias,
que hacen de su vida algo sin consistencia, sin una base real, que deambula de
un lugar a otro buscando depender de algo o de alguien.
Sin aceptarnos no podemos descubrir quienes
somos, cuáles son nuestros potenciales, hasta donde podemos llegar. Cuando nos
aceptamos tal y como somos se nos abre un mundo lleno de posibilidades y es
entonces cuando viajamos desde esa coherencia descubriendo ese inimaginable
universo donde todo es una maravillosa relación.
Cuando uno se acepta no se compara con nadie, se
siente alegre de ser quien es, no es necesario sentirse orgulloso, ni aparentar,
uno disfruta de todo, sobretodo de lo sencillo, de lo que no cuesta dinero, de
lo que es gratis, de la belleza de la vida y de la profundidad de la
existencia.
El sentimiento de aceptación de uno mismo genera
un movimiento continuo de descubrir quién es uno y de aprender que es la vida.
La aceptación propia es un movimiento, que
sorprende y maravilla, donde uno pierde ese sentido de la individualidad. La
aceptación se abre de tal forma a lo desconocido que no es necesario mantener un
espíritu de acumular o atesorar cosas y de la misma forma que las cosas comienzan
así también terminan sin necesidad de acumular experiencias ni recuerdos ni
valores ni sensaciones y la aceptación se convierte en algo totalmente nuevo,
algo que es pura observación sin observador.
La aceptación de uno mismo es la aceptación del otro
y es la aceptación del resto. Uno en su propia aceptación ya no tiene porque
reprochar o culpar a nadie de ser como es y entonces todos de los seres humanos
podemos caminar juntos al comprender que la vida de los demás tiene tanto valor
como la nuestra y que es tan importante velar por los intereses propios como
velar por los intereses ajenos.
Es evidente que en el mundo reina la ignorancia
y que dicha ignorancia empieza con la aceptación de que sean los demás quienes dirijan
nuestra vida y la lleven al destino que ellos quieran. ¿Cómo es posible que en
lugar de poner la confianza en nosotros mismos, y en nuestros sentidos, la
pongamos en la imagen de los demás, que no es más que una bonita cara de astucia,
arrogancia, soberbia, orgullo, y en definitiva ignorancia.
Aunque tus circunstancias sean muy adversas,
bien porque apenas tengas tiempo o porque tus compromisos y responsabilidades
te agoten, si realmente te aceptas siempre podrás convertir cualquier tiempo en
algo provechoso y cualquier espacio en algo hermoso. Podemos vivir durante el
día en el infierno pero solo basta un solo minuto durante la noche para sentir
la vida con plenitud y tocar el cielo.
En el momento que te aceptas te conviertes en un
referente para todas aquellas personas que no se aceptan a sí mismas, lo cual puede
convertirse en una trampa para ti si intercambias tu propia aceptación por esa
sensación ocasional de aceptación y valoración de los demás. Es bastante fácil
caer, una vez que se alcanza el reconocimiento general, en la dependencia del
clamor popular, en los aplausos, en las muestras de aprecio, y al final uno
vive y se expresa convirtiéndose en un esclavo de dicha sensación de aceptación
de los demás, quedando la aceptación propia en la nada, en la más absoluta miseria
y confundiendo lo que uno hace o produce con lo que uno es.

En la aceptación nos convertimos en artesanos de
nosotros mismos y a la vez somos los propios admiradores de una obra que no
cesa de crearse. No importa que los demás no entiendan tu arte, tu forma de
ser, y mientras ellos se extraña de tu comportamientos tú mientras tanto
estarás siendo tu propia contemplación, tu propia inspiración y tu propia
creación. Incluso puedes ser tu propio predicador si eres capaz de hablar de la
verdad, de esa verdad que surge de la aceptación de lo que es.
Lo que aquí se está comunicando no es un sueño,
ni pertenece al campo de lo imaginativo o de las creencias, no es animar a nada
que no sea posible e imprescindible para vivir. Acéptate como eres y comienza
desde ahí a relacionarte, entonces podrás ser querido y podrás querer sin
necesidad de convertirte en un mendigo emocional, no estarás huyendo de ti a
través de los demás y encontrarás que hay una gran belleza en esas relaciones
donde ambas partes se aceptan mutuamente tal y como son.
¿Cómo puedes dejarte llevar por un escaparate
donde se vende bisutería, joyas, relojes, o donde se muestran maniquíes
vestidos, y sin embargo esa gran obra maestra de la naturaleza que es única en
el espacio y en el tiempo, que tiene vida e infinitas posibilidades de desarrollarse,
a ese ni le miras, a ese que eres tú mismo, ni te importa, y siempre pensando en
taparlo o vestirlo para aparentar algo que no eres y de esa forma conseguir la
aceptación de los demás?
Cuando las personas no se aceptan convierten su
vida en una carrera de obstáculos, en una competición, en un movimiento de
llegar a ser y todo lo que consiguen en la vida no es más que engañarse con esa
aceptación social y mezquina de los premios, los triunfos, los ganadores y los aplausos.
Es curioso ver como las personas que no se aceptan siempre intentan vender su
imagen, ponerse como ejemplos de vida, vivir a costa de la aceptación de los
demás y del dinero ajeno.
¿Te sientes querido?
Sí, me siento profundamente querido.
No es que yo naciera con los cánones de la
belleza y de hecho me he pasado gran parte de mi vida con grandes complejos,
hasta que un buen día me di cuenta que me estaba auto engañando y que a la vez
estaba jugando a vivir de las apariencias, hasta que por fin descubrí la
belleza. Si, lo puedo decir con la voz alta, sin timideces, porque lo descubrí
por mí mismo, descubrí la belleza que hay en todo ser, descubrí que la belleza
va unida a la vida y que la fealdad no son más que prejuicios inculcados por
una cultura que no nos permite ver esa belleza natural que hay en nosotros.
Cuando hemos visto esa belleza es cuando estamos
en disposición de aceptarnos con plenitud y con humildad, y vivir una vida auténtica
que tiene infinitas posibilidades de manifestarse en relación con todo lo que
existe.
Ahora cuando me levanto por las mañanas siento
que la vida me da los buenos días y que me quiere, que quiere que despierte y
que me levante para ver como sale ese sol anaranjado por el horizonte mientras
los pajarillos canturrean en esta mañana que anuncia una temprana primavera.

Esta naturaleza que nos ha dado la vida nos
quiere, nos cuida y nos mantiene, solo falta que nos demos cuenta de ello y que
nosotros también las queramos a ella y la cuidemos.
Por todo ello he aprendido a sentirme querido y
también a querer.