Aunque en general
las personas casi nunca hemos pensado o nos hemos hecho esta pregunta, sin
embargo la mayor parte de las personas nos consideramos personas íntegras, quizás
porque de igual modo nos consideramos personas honestas y auténticas.

En la presente
reflexión cuando nos referimos a la integridad de las personas, nos estamos
refiriendo al conjunto de aspectos psicológicos de la personalidad que hacen
que una persona se relacione de forma honesta, correcta, sin hacer daño y fiel
a sí misma.
Una persona íntegra
es una persona que psicológicamente no está fragmentada, que no está
corrompida, es una persona coherente con su naturaleza humana y en donde la
persona y el ser humano forman una unión íntegra que vive en armonía consigo
mismo y con su entorno.
Una persona es
íntegra cuando su condición psicológica y su condición biológica están en
armonía, es decir cuando el cuerpo, la mente y el corazón están operando juntos
de forma inteligente.
Para que una
persona adquiera esa cualidad de la integridad tiene que estar dispuesta a
conocerse a sí misma, comprender sus pensamientos, sentimientos y conductas,
permitir a su mente observar lo que sucede sin prejuicios ni limitaciones y
descubrir la naturaleza misma de los hechos. No cabe duda que para poder
aprender se requiere honestidad (ser sincero con uno mismo y con los demás),
vulnerabilidad (estar dispuesto a ser afectado) e inocencia (una actitud
humilde de no saber realmente y permitir que la vida nos enseñe).
Nuestra falta de
integridad tiene su primera causa en que interiormente estamos corrompidos,
condicionados, hipnotizados, y no somos capaces de darnos cuenta de ello. Son
nuestras experiencias y conocimientos almacenados en la memoria los que nos
convierten en personas mezquinas y falsas, y por esa razón una persona íntegra
es aquella que no se deja llevar por la experiencia o el conocimiento sino por
la observación de los hechos.

Una persona íntegra
no es una persona segura, ni es una persona que hace el más mínimo esfuerzo por
mantener una imagen, un estatus o unas ideas. Una persona íntegra es una
persona flexible y dura como el bambú, fuerte y libre como el viento, profunda
y misteriosa como el mar.
Una persona íntegra
puede estar equivocada pero no convive ni se aferra a sus equivocaciones. Es
una persona que está dispuesta a ayudar a los que lo necesitan y con la que
podemos contar para caminar juntos, pensar juntos, observar juntos, por esta
senda que es la vida.
No hay integridad
en esas personas que intentan lograr ser mejores personas o intentan tener una
mente sobrenatural o les gustaría iluminarse o que se les aparezca la virgen.
En todo ello hay codicia y envidia a través del deseo de conseguir lo que uno
cree que otros han conseguido. La integridad está en uno mismo y no hay que
buscarla en la India, en la meditación, en el yoga, en los ejercicios
espirituales, en la ya-guasca, o en dios sabe qué.
Toda esa disciplina
y control para conseguir estar atentos no es más que un sacrificio de lo que
somos y una negación de la posibilidad de comprendernos a través de la simple
observación de nuestros actos.
Si huimos de las
relaciones para encontrarnos a nosotros mismos, entonces jamás nos
encontraremos porque es en la relación donde realmente existimos.
La falta de
integridad no es que no seamos perfectos sino que seamos contradictorios, que
estemos continuamente dañándonos, mintiéndonos y auto engañándonos.

No se puede ser
íntegro en una situación de comodidad o sin arriesgarse a ser vulnerable, es
cuando las situaciones son difíciles cuando se ve la integridad de las
personas. Ahora que estamos en una situación de profunda crisis económica y
humana, es cuando podemos ver a personas cuya integridad les permiten mostrar a
los demás que se puede vivir y responder de una forma diferente.
En los momentos de
crisis, las personas íntegras están ahí presentes colaborando de forma
práctica, mientras que las personas sin integridad se aprovechan de las
circunstancias para sacar aún un mayor provecho personal.
Una persona se le puede
ocurrir pensar que le gustaría ser integra, como de igual forma le gustaría ser
libre, ser santa o sentir el amor, pero todo eso no son más que muestras de una
persona influenciable que va por la vida tratando de conseguir ideas o ideales que
no tienen realidad alguna.
Una persona íntegra
es una persona poco influenciable cuya solidez se ha ido formando a base de comprender
y de distinguir por sí mismo, y en sí mismo, lo verdadero de lo falso.
Está claro que el mundo
está repleto de personas que se creen íntegras y que creen distinguir con total
claridad lo verdadero de lo falso. Habría que ver si esa claridad sobre lo verdadero
o lo falso se refieren a ellos mismos, y por lo tanto es una muestra de integridad,
o por el contrario se refieren a los demás, y por consiguiente es una forma de desintegración
y aislamiento.
La integridad no es
una cuestión de decisión o de elección, sino una cuestión de atención, inteligencia
y libertad.

La integridad, la
humildad, la sabiduría, el amor….no son metas que uno puede conseguir, son
verdades mucho más hermosas que un simple logro, son cualidades de la propia
vida, de esa vida que se manifiesta en nosotros mismos.
¿Podemos ser conscientes o percibir esas verdades?
Pienso que es una cuestión de sensibilidad y la sensibilidad existe cuando hay
integridad, humildad, sabiduría y amor.