
Sin embargo uno piensa que la infelicidad o la
falta de armonía que reina entre las personas no son a causa de los problemas,
que en si mismo tendrán una solución u otra, sino que es a causa de los
conflictos psicológicos internos que tenemos cada uno de nosotros, que difícilmente tienen ninguna solución
salvo comprenderlos.
Un problema es un reto que surge y que requiere
una respuesta. La respuesta estará en sintonía con el problema si hemos sido
capaces en primer lugar de comprender el problema y en segundo lugar en tomar
medidas de acuerdo a dicha comprensión.
La mayoría de los problemas que aparecen en la
cotidianidad de la vida diaria se solucionan de forma inmediata aplicando el
conocimiento o la experiencia que tenemos.
Pero no todos los problemas se pueden solucionar
aplicando nuestro conocimiento o experiencia, sobre todo cuando la causa de
dichos problemas ha sido nuestro propio conocimiento o experiencia.
¿Cómo podemos solucionar, con nuestra
experiencia, un problema creado por nuestra experiencia? En estos casos no es
que tengamos un problema sino más bien lo que tenemos es un conflicto psicológico
interno.

Los seres humanos a través del tiempo hemos
creado conflictos de los que surgen una infinidad de problemas y que por mucho
que intentemos tomar medidas para solucionarlos siempre seguirán apareciendo
nuevos problemas porque lo primero que hay que resolver es el conflicto.
Un ejemplo de claro conflicto de la humanidad es
que no aceptamos la muerte. La cultura nos ha transmitido que la muerte es lo
peor que nos puede pasar y nos pasamos la vida protegiéndonos y luchando porque
eso no ocurra o que ocurra lo más tarde posible y que al menos la vida que
vivamos sea lo más placentera posible. El conflicto es que no aceptamos la
muerte y al no aceptarla todo aquello que hacemos para evitarla nos crea
problemas y además finalmente sufrimos porque inevitablemente la muerte aparece.
¿Cómo es posible que los seres humanos no
aceptemos la muerte cuando la muerte es parte de nuestra naturaleza? Aceptar la
muerte no quiere decir que estemos a favor del suicidio colectivo, sino que la
muerte no es un problema, el problema es vivir cuando no aceptamos la muerte.
Al no aceptar la muerte, vivimos en el apego, en
la posesión, obteniendo placer en ello, y eso nos crea miedo a perder lo que
tenemos y finalmente sufrimos cuando lo perdemos. Es una vida algo estúpida,
pues si aceptamos la muerte como algo natural solucionamos el conflicto y
entonces vida y muerte son una misma cosa, como un movimiento en la naturaleza,
y de esa forma ya no necesitamos apegarnos a nada, ni poseer nada
psicológicamente y entonces ya no tendremos esos miedos y esos sufrimientos personales.

¿Quién no tiene problemas en su vida, en la vida
diaria? Necesitamos darnos cuenta si el origen de esos problemas son nuestros
conflictos internos o simplemente son problemas.
Cuando tenemos catalogada la vida en lo que está
bien y en lo que está mal, psicológicamente hablando, entonces ya podemos decir
que nuestra vida está llena de conflictos, porque cualquier cosa que nos suceda
la vamos a aceptar o rechazar según nuestros valores de bien o mal.
Si planificamos nuestra vida para que todo nos
vaya bien y nos sucedan la mayoría de cosas en nuestro beneficio y provecho,
cada vez que eso no ocurra vamos a tener un problema, pero en realidad el
problema que surja no es más que una expresión de nuestro conflicto de querer
que el futuro sea de una forma concreta cuando el futuro por su naturaleza es
impreciso.
Cuando una pareja nos deja, nos llenamos de
dolor y odio, porque manteníamos una relación de apego, de dependencia, y como
pensábamos que todo iba a ser de color de rosas, lo cual es un conflicto,
cuando nos dejan se nos hunde el mundo y somos capaces incluso de matar. Pero
si no tuviéramos una preconcepción de las cosas, no nos abandonaríamos en la
relación y cuando alguien nos deja no lo tomaríamos de forma personal y además
nos daríamos cuenta que se abren una infinidad de posibilidades de vivir algo
nuevo, lo cual no deja de ser extraordinario.
Nos da rabia que las cosas no sucedan como
esperamos, nos resistimos a los problemas, luchamos porque las cosas sean
diferentes a como son, no aceptamos y repudiamos lo que no nos gusta, juzgamos,
comparamos, criticamos, nos apegamos, deseamos, estos son algunos de los síntomas
de nuestro conflicto interior.

Los conflictos y los problemas van juntos de la mano.
Si aprendemos a ver nuestros conflictos internos y comprendemos su naturaleza ilusoria,
los conflictos desaparecerán y con ellos desaparecerán todos nuestros problemas
pasados, presentes y futuros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario