El personaje de una
red social, como facebook o twiter, comienza cuando abrimos una cuenta y creamos
un perfil con los datos personales, luego vienen los amigos, los comentarios, y
por último nos encontramos alimentando y soportando a un personaje que en
realidad no somos, que se basa en mostrar aquello con que nos identificamos. En
lugar de mostrar nuestra propia identidad exponiendo todo aquello que de forma
creativa pueda surgir de nosotros mismos, lo que mostramos es lo que otros han
hecho, de tal forma que vamos seleccionando de otros sitios de internet, reflexiones
o ideas de otros personajes, para hacernos un personaje a medida de nuestra
imaginación.
Vivimos en un mundo
de ficción, un mundo imaginario, con un personaje que es una imagen que nos
hemos creado de nosotros mismos para encontrar el afecto o el aprecio de los
demás. Finalmente si conseguimos algún tipo de aprecio, o de aliento, con los
comentarios que nos hacen los amigos, quien lo consigue es nuestro personaje y
nosotros en el fondo seguiremos siendo seres más bien solitarios, sin
verdaderas relaciones y sin verdaderos amigos, frágiles y temerosos de la vida
real y de lo que somos.
¿Acaso no es
infantil y poco maduro estar continuamente compartiendo citas de otros cuando
uno en realidad no aporta nada de sí mismo? Uno acaba convirtiéndose en un
escaparate, en una imagen virtual y en algo puramente superficial.
Quizás nos gustaría
que el mundo fuera según los gustos o preferencias de nuestro personaje y por
esa razón insistimos de forma obsesionada en los mismos asuntos una y otra vez,
de tal manera que los otros personajes se den cuenta del valor que tiene lo que
compartimos. Pero todo eso que tratamos de compartir no tiene valor alguno
porque ni siquiera ha surgido de nosotros mismos.
En realidad el
mundo está como está, donde suceden una infinidad de hechos surrealistas,
porque hay demasiados personajes tratando de compartir o imponer su ficción o
su imaginación a los demás.
¿Qué estamos
haciendo con la vida? La vida es contacto, la vida es relación, la vida tiene
un profundo sentido de lo real y sin embargo día a día con nuestra manera de
usar los móviles y los ordenadores la estamos despreciando y nos estamos
alejando de ella.
Los seres humanos
tenemos muchos problemas que resolver, tenemos mucho de qué hablar para darnos
cuenta de las falsedades que subyacen en nuestra educación, y para ello
necesitamos despertar nuestros sentidos y aprender a observarnos y a
escucharnos de forma real.
Cada día somos más
y más dependientes de los móviles, del whatsapp, del facebook, y porque
queremos sentirnos unidos a otras personas nos conectamos de forma casi continua cuando vamos en el
metro, en el autobús, cuando estamos en casa, cuando estamos de viaje, cuando
estamos solos o acompañados.
Cuando estamos
hablando por teléfono, o chateando con el whasapp, no estamos atentos a lo que está
ocurriendo a nuestro alrededor, estamos abstraídos con la conversación y
perdemos sensibilidad para darnos cuenta de lo que estamos viviendo realmente. Por
esa razón esos medios de comunicación lo que están consiguiendo es mantenernos incomunicados
con las personas que nos rodean.
¿Podemos darnos
cuenta del personaje que somos y darnos la oportunidad de ser reales? Un ser
real no necesita un personaje, salvo para cuestiones formales, ni necesita
estar conectado con otros personajes. Un ser real necesita estar en
comunicación con otros seres reales para compartir una vida con afecto donde
poder desarrollarse y madurar.
No se trata, ni se
pretende, ir contra la tecnología. En la medida en que las máquinas se desarrollan
los seres humanos también necesitamos desarrollarnos para hacer un uso adecuado
de ellas, pero si las máquinas se desarrollan y nosotros no maduramos,
acabaremos sucumbiendo o convirtiéndonos en máquinas y quizás la mayor señal de
ello es ese personaje de ficción que tratamos de ser a toda costa.
Observemos y
hagamos conscientes el uso que estamos haciendo de las redes sociales y de los
teléfonos móviles, pongamos atención a lo que nos motiva o lo que pretendemos
compartiendo esas citas o artículos de otros, veamos si realmente tenemos
amigos o son solo espectros con los que sentirnos unidos, y cuando hayamos
visto con detenimiento lo que estamos haciendo podemos ver a donde nos va a
llevar todo eso y cuál es el precio que estamos pagando por mantener dicho
personaje, entonces podemos plantearnos si merece la pena permitir que el
personaje siga condicionado nuestra vida real.
La vida real también
está llena de personajes. Desde que nacemos nos dan una cuenta como persona, nos
crean un perfil con un nombre y apellidos y nos ubican en una familia con unas ideas
y unos valores para formar parte de una Red Social donde solo interesan personajes
y nunca seres humanos de los de verdad.
Permítete ser real,
dar besos reales y deja de enviar símbolos que no tienen apenas valor alguno salvo
el de potenciar el sentimentalismo y crear un mayor conflicto al que ya existe.