
Recordar es una facultad extraordinaria desde el
punto de vista del lenguaje, del conocimiento instrumental, de la tecnología,
de utilizar las semillas para cultivar, de volver a encontrar lugares donde
hemos estado, de reconocer personas o incluso de responder ante peligros.
Pero también recordar puede ser algo muy
peligroso cuando nos encerramos en el pasado porque no aceptamos lo que paso o
porque no queremos mirar el presente.
La vida a veces da la sensación que es muy larga
y que en su transcurso desde nuestra infancia, pasando por nuestra adolescencia
y por último siendo adultos, hemos dejado atrás un sinfín de cosas que ya jamás
volverán y que nos da la sensación que todo ha sido un sueño.
¿Qué pasa con las cosas que pasaron, cómo las
encajamos en el presente?
En este camino que es la vida tuvimos la suerte
de encontrarnos con personas que fueron nuestros amigos en una época donde la
amistad tenía un significado profundo, tan profundo que esas relaciones
perviven en nuestra mente como un tesoro escondido que ni siquiera recordamos.
En esos momentos cuando todo a nuestro alrededor
se derrumbaba, cuando nos sentíamos incomprendidos, cuando nadie nos escuchaba,
encontramos en la amistad un contacto con el mundo real, una unión sincera de
sentimientos y razones desde donde poder respirar para continuar en este
extraño mundo de mayores.

También hubo personas que nos hicieron daño o a
las que hicimos daño y en algunos casos un daño que guardamos durante muchos años
en nuestra mente mas escondida por vergüenza o por sentirnos culpables de
aquella situación incomprensible. También esas personas desaparecieron, se
olvidaron, ya ni siquiera tienen un rostro legible en la memoria.
Compañeros de colegio, profesores, vecinos,
familiares, tenderos o comerciantes de nuestro barrio, han pasado por nuestra
vida y ya forman parte del recuerdo o del olvido, aunque de alguna manera
forman parte de nuestra memoria.
¿Qué es un recuerdo? ¿Es un recuerdo algo no
concluido, quizás una herida aún sin curar o una experiencia aún no terminada,
o es simplemente algo que terminó?
Hay muchas formas de vivir en el pasado. Una forma que se ve a simple
vista es cuando nos encontramos con personas que están hablando continuamente
de su vida pasada, de que cualquier tiempo pasado fue mejor o peor, y se pasan
la vida recordando porque quizás no aceptan ese movimiento en el tiempo que es
la vida. Hacen del recordar una forma de vivir y ese recordar les hace volver a
tener esos sentimientos que algún día tuvieron. Hay personas que se machacan
con el pasado, es como si pretendieran cambiar el pasado, y también hay
personas que encuentran satisfacción en los recuerdos, pero tantos los que
sufren como los que gozan del ayer se olvidan que la vida es un continuo
aprender.
Otra forma de vivir en el pasado es mantener
todas esas ideas, opiniones, creencias, prejuicios, que algún día por las
circunstancias adquirimos y que no hemos sido capaces de renovar. Al igual que
no aceptamos la muerte de un familiar que continuamente tenemos presente,
también intentamos mantener vivas todas esas ideas y creencias no son más que
recuerdos muertos.

Repetir una y mil veces lo mismo, escuchar la
misma canción, ver nuestro programa de televisión favorito, vivir con manías,
ir siempre con los mismos amigos, y un sinfín de hechos que nos dicen que
vivimos en el pasado.
Vivir del pasado a través del conocimiento
adquirido nos permite cocinar, hablar un idioma, arreglar un coche averiado,
tocar un instrumento musical o jugar al tenis. Pero ese conocimiento está
limitado y no puede servirnos para observar o para saber escuchar a alguien. La
observación o la escucha no viven ni en el pasado ni del pasado.
Las personas que tienen continuos conflictos y
un sinfín de problemas es porque viven en el pasado, porque interpretan lo que
sucede desde una perspectiva anclada en su pasado y no dejan apertura para
aprender y cambiar con el movimiento de la vida. Viven en su imagen y en la imagen
del otro, hablan de sentimientos como si fueran cosas fijas y los utilizan para
recordar al otro su compromiso, y no se dan cuenta que no hay mayor compromiso que
el presente.
También hay personas llenas de deseos, se
imaginan que algún día les tocará la lotería y podrán vivir en alguna playa del
Caribe, o que conseguirán el amor de su vida. Viven con ilusiones y esperanzas
esperando que algún día ocurra algo que les haga cambiar su suerte. Todas esas
personas viven en el pasado. El futuro no es más que una proyección mental del
pasado y está tan muerto como el pasado.
Utilizar los recuerdos para resolver problemas
de relación es una reacción de impotencia ante lo que tenemos delante de los
ojos y no somos capaces de hacer frente. Para resolver nuestros problemas no
necesitamos recordar, basta con mirarnos, escucharnos, sentirnos, y ver
nuestras contradicciones.
Vivir en el pasado en una gran contradicción,
pues de hecho vivimos en el presente aunque nos resistamos.
Cuando recordamos estamos interpretando y en la
medida que ha pasado el tiempo la interpretación se ha vuelto más y más
imprecisa. Reprocharle a alguien algo que hizo en el pasado es como escupirle a
la cara. Nuestra responsabilidad como seres humanos no está en pagar por
nuestros pecados sino en liberarnos del pasado y de toda influencia
psicológica, vivir con una mente abierta a la realidad presente y sentir que
toda esa realidad somos nosotros mismos.
